INTRODUCCION


Al igual que en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, donde se nos propone “Quemar las Naves” para dar la vida sin mirar atrás, el 17 de marzo de 1859 el vapor “Prince of Wales”, en el que viajaban los primeros jesuitas provenientes de Alemania, se hundió lentamente tras chocar con una roca en las cercanías de Ancud, perdiendo en las profundidades del mar todos sus enseres, quedando en sus manos la sola Fe y las energías para trabajar en su nuevo lugar de misión, la recién fundada ciudad de Puerto Montt.

Pareciera que Dios quería dejar bien en claro a estos tres pioneros jesuitas alemanes que El los necesitaba libres de ataduras y seguridades materiales para llevar a cabo la misión que tenía pensada para Puerto Montt, donde habían llegado para quedarse.

Esta misión da inicio sin duda a una de las aventuras más hermosas y apasionantes de Puerto Montt, que se plasmó en un sueño llamado Colegio San Francisco Javier junto con el establecimiento de la Iglesia Católica en esta región del sur de Chile.

PRIMERA ETAPA


La fundación de Puerto Montt el 12 de febrero de 1853 coincidió con la llegada de los primeros colonos de habla alemana, la mayoría de ellos luteranos y en menor proporción católicos. Como estos últimos, en su nueva tierra se hallaban sin asistencia religiosa, no sólo por la escasez de sacerdotes sino por su idioma, Monseñor Francisco de Paula Solar, Obispo de la Diócesis de San Carlos de Ancud solicitó al Padre Pedro Beckx, General de la Compañía de Jesús, algunos sacerdotes alemanes, a fin de que pudieran atender a sus coterráneos. El Padre General accedió a la petición y envió a los Padres Teodoro Schwerter y Bernardo Engbert quienes partieron desde Alemania acompañados del Hermano José Schöber, arribando a las playas del naciente Puerto Montt el día 22 de Marzo de 1859.

Estos jesuitas llegaron con un propósito que inspiraba todo su quehacer: evangelizar. Tarea que concretaban a través de la catequesis y de las misiones que emprendieron recorriendo con inmensas dificultades toda la zona desde Valdivia al sur. Aunque la educación no estuvo entre las prioridades al comienzo de este proceso de evangelización, al poco tiempo de haber arribado, se percataron de que la enseñanza era un instrumento fundamental si querían concretar el proyecto de mantener vivo el espíritu del Evangelio.

Nace así la idea de crear la Escuela San José, en la que se pudiera entregar una formación católica a los hijos de colonos alemanes y chilenos. Lo que en un principio se vio como una labor menor, fue cobrando un gran impulso hasta convertirse en el quehacer prioritario de la Compañía de Jesús en esta zona. La autorización oficial para el funcionamiento de la escuela llegaría el 15 de abril, impartiendo las siguientes asignaturas: “lectura, escritura, catecismo, gramática castellana, geografía, dibujo lineal y un idioma extranjero”.

Con el tiempo y viendo la intensa labor llevada a cabo por la escuela, el P. Enrich soñaba que se formalizara un buen colegio, dado que la población proveniente de Alemania seguía creciendo. Fue así que, el 27 de abril de 1882 se abrió el nuevo Colegio con el nombre de “San Francisco Javier”. Este nombre nace de la admiración que tenían los jesuitas alemanes hacia el santo patrono de los misioneros por su afán apostólico y tenaz capacidad evangelizadora. Algo que querían imitar los religiosos fundadores del colegio San Francisco Javier en el sur de Chile.
En el año 1893 el Colegio se traslada a Guillermo Gallardo, al costado de la iglesia construida en 1872.

La labor de los jesuitas no se reducía al trabajo en el Colegio. Lo que estaba en el horizonte de sus ocupaciones era la ciudad entera y gran parte de la Región. Justamente a ello se debió que en 1894, bajo la dirección del P. Lorenzo Wolter, se construyera un campanario en lo alto del cerro en el centro de la ciudad para anunciar y alegrar las festividades religiosas y avisar otros acontecimientos a la comunidad. Para tal efecto, cuatro campanas de distintos tamaños fueron encargadas a Austria. En cada una de ellas aparece grabada una imagen sagrada: la de mayor tamaño está dedicada a “San José” y las restantes al “Sagrado Corazón”, a la “Virgen Inmaculada” y a “San Ignacio” fundador de la Compañía de Jesús.

De igual modo, en una carta del P. Luis M. de Bassóls al P. Juan Capell escrita desde Puerto Montt, el 17 mayo 1916, se indicaba la diversidad del apostolado realizado por la Compañía en ese tiempo:

“Una de las cosas que impresionan más gratamente el ánimo al venir a estas regiones del Sur de Chile, es ver la labor intensa, continua y eficaz con que nuestros PP. alemanes han cultivado en estas poblaciones riquísimas ahora, y llenas de pobreza y trabajos antes; las muchas capillas que han levantado, las parroquias que han formado, que ahora regentan sacerdotes seglares, y las muchas almas que han llevado a Dios N. S. Las gentes de aquí recuerdan con una veneración extraordinaria los nombres de aquellos abnegados varones que los instruyeron y auxiliaron en todas sus necesidades, conservando para la Compañía el más profundo cariño”

Para 1916 y 1917 se establecen el Tercer y Cuarto año de Humanidades (hoy Primero y Segundo Año Medio). En 1917 se inauguró un curso de comercio y contabilidad, que funcionó hasta 1930. En éste se formaron numerosos comerciantes y contadores que tuvieron gran influencia en la ciudad. En 1923 el Colegio recibe una matrícula de 203 alumnos. En 1949 se gradúa la primera promoción de Sexto Año Humanidades (hoy Cuarto Año Medio).
Para su primer centenario (1959), el Colegio contaba ya con 700 alumnos. En los últimos decenios siguió creciendo su infraestructura y la cantidad de alumnos.

El año 2008 será recordado como el primer año de la Coeducación en el Colegio San Francisco Javier, etapa en la cual se incorporaron cien alumnas en los niveles de Playgroup, Prekinder, que en el 2009 se ampliaron a Kinder y Primero Básico. La Coeducación en nuestro Colegio se fundamenta en formar a hombres y mujeres bajo un mismo Proyecto Educativo Ignaciano, respetando las particularidades y ritmos de cada género.

En todos estos años se han realizado muchos cambios, ya no están las mismas personas, los mismos alumnos y funcionarios en el Colegio. Tampoco están los mismos espacios y construcciones. Pero sí hay algo que no ha cambiado y que se ha mantenido en el tiempo, y que es la esencia del Colegio: una formación ignaciana de calidad. Hoy nuestro espíritu sanjavierino sigue tan vivo como antes, continuamos formando alumnos y alumnas, cristianos, maduros, consecuentes y preocupados de servir a los demás, fin y meta de la educación jesuita.

Sobre esta sólida base, que es la fuerza de toda su historia, el Colegio San Francisco Javier es fiel a la intuición de aquellos tres primeros jesuitas alemanes llegados en 1859: evangelizar a través de la educación.

En agosto del 2011 se realizó el traslado a las dependencias de Pelluco Alto, las cuales se diseñaron con espacios formativos que permiten a los estudiantes y profesores dialogar con su entorno. Además de los patios para juegos y deportes, hay espacios para el arte, las ciencias, matemáticas, religión y cultura en general.

Con las actuales dependencias hemos integrado tecnologías educacionales de última generación, las que nos ayudan a incorporar nuevos elementos metodológicos permitiendo mejorar los aprendizajes de nuestros alumnos y alumnas.

Nuestro Colegio siempre ha sido un lugar abierto a la ciudad de Puerto Montt y a sus alrededores, a través de las actividades religiosas (misas diarias y dominicales, Ejercicios Espirituales, retiros, cursos, catequesis y jornadas de formación); actividades culturales (música, teatro, exposiciones, charlas y conferencias); deportivas, de servicio y acción social, además de otras muchas actividades. Con las dependencias de Pelluco Alto, las actividades religiosas, culturales y deportivas se han aumentado y mejorado en favor de la comunidad sanjavierina y puertomontina.

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