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Misión - Visión

La Visión que nos mueve

S Siendo un colegio de Iglesia y perteneciente a la Compañía de Jesús soñamos que toda la comunidad educativa sea consecuente con la Espiritualidad Ignaciana que nos inspira al servicio de la fe y la promoción de la justicia. Soñamos que nuestros estudiantes desarrollen al máximo sus potencialidades y que crezcan en sabiduría y humanidad, siendo personas íntegras al servicio de los demás. Que encuentren a Dios en sus vidas y que vivan comunitariamente una experiencia de discipulado en el seguimiento personal de Jesucristo. Soñamos con una comunidad educativa formada por personas conscientes, capaces de trascender, agentes de cambio y protagonistas de sus circunstancias.

La Misión que nos convoca

Nuestra Misión es ser un colegio, que en alianza con las familias, desarrolle una educación integral de calidad, formando niños, niñas y jóvenes competentes, conscientes, compasivos, comprometidos y creativos, que tengan como centro el seguimiento de Jesucristo, según el modo de proceder de la espiritualidad ignaciana, formando hombres y mujeres para los demás y con los demás, que contribuyan a generar una sociedad más justa y solidaria.

Sellos distintivos a partir de la Misión

1- Formación integral.

La educación ignaciana busca el desarrollo integral y armónico de toda la persona y de todas las personas. La educación integral para nuestro colegio se entiende desde el desarrollo de tres dimensiones: socio-afectiva, cognitiva y religioso espiritual. Esta integralidad de nuestra educación le da su carácter genuinamente humanista, integrada y equilibrada, con un fuerte énfasis en la interdisciplinaridad del aprendizaje, en la integración de las facultades humanas y en la capacidad de relacionarse, discernir y servir, llegando a ser una “persona para y con los demás”.

2- Educación de calidad (el Magis Ignaciano).

Buscamos fomentar en los estudiantes, educadores, administrativos, auxiliares y directivos esa actitud ignaciana que consiste en buscar siempre la mayor gloria de Dios y el provecho de las personas, poniendo los medios más adecuados y entregándose con lucidez, generosidad y esfuerzo al logro de metas personales y comunitarias. Queremos promover el “Magis Ignaciano” que busca siempre más y mejor, mirando atentamente las actitudes y motivaciones interiores, y no las grandes obras exteriores en sí mismas o con afán meramente competitivo. Esto implica desarrollar de la mejor manera posible los dones, cualidades y talentos que Dios nos dio a cada uno de nosotros para ponerlos al servicio de los demás.

3- Excelencia humana: Formar niños, niñas y jóvenes conscientes, competentes, compasivos, comprometidos y creativos.

Queremos ayudar al crecimiento de personas:
Conscientes de su condición de hijos e hijas de Dios y de su vocación a la fraternidad; conscientes de sí mismos, de sus talentos y límites, de su cultura, de su país, su historia y su entorno.
Competentes para hacer y transformar. Capaces de aprender, desaprender y reaprender, hábiles para hacer y transformar. Agentes de cambio y de progreso, con cantidad y variedad de recursos personales para servir, capaces de dialogar, de proponer y de incidir.
Compasivas con el que sufre, capaces de escuchar y acoger, con sentido de gratuidad y reciprocidad, sensibles, atentas a las necesidades y dolores de los demás, solidarias y tolerantes.
Comprometidas con su propio crecimiento, con un marco de valores cristianos asumidos, con metas colectivas con quienes sufren la pobreza o la exclusión, con el Reino y su justicia. Estudiantes conscientes de la realidad del mundo y el sufrimiento de muchos para así se puedan comprometerse para cambiar esa realidad.
Creativas para ver la realidad con una mirada abierta, que se cuestionen la realidad para dar respuestas de manera diferente, generar nuevas ideas y crear escenarios que les posibiliten adaptarse a los retos cada vez más complejos y globales.

4- Seguimiento de Jesucristo.

Nos proponemos evangelizar educando y educar evangelizando, anunciando a Cristo y su Reino, quien es nuestro modelo y da sentido a todo lo que hacemos. Ser otros Cristos es nuestro ideal. Deseamos hacerlo principalmente a través del testimonio de la fe cristiana que nos inspira y convoca, con respeto a toda la diversidad de personas.
Su propuesta nos plantea una manera de enfrentar la vida y nos promueve valores que queremos vivir:
El amor en un mundo egoísta e indiferente;
La justicia frente a tantas formas de injusticia y exclusión;
La paz, en oposición a la violencia;
La honestidad, frente a la corrupción;
La solidaridad, como alternativa al individualismo y la competitividad;
La sobriedad, en oposición al consumismo;
La contemplación y la gratuidad, en contraste con el pragmatismo y el utilitarismo.

5- Hombres y mujeres para los demás y con los demás.

El fin último de la educación ignaciana es formar hombres y mujeres para los demás que quieran colaborar con Cristo en la transformación de la sociedad, comprometidos con el cuidado de la “casa común”, y ayudar a que el Reino de Dios se haga presente en la sociedad que nos tocó vivir.

Nuestra educación está al servicio de la transformación de la sociedad. Queremos promover un pensamiento capaz de proponer alternativas ante las corrientes e ideologías que deshumanizan, y que marginan en la pobreza a las mayorías, fomentan el secularismo radical y exacerban las lógicas del mercado y el consumismo.